Una joya para cada ocasión

En los tiempos en que nos ha tocado vivir parece que estilísticamente “todo vale” y que llamar la atención es el objetivo en cualquier evento al que se concurra.
Pero, hay dos formas bien diferentes de llamar la atención. Una positiva, mediante la elegancia mostrada y otra, menos positiva, no mostrando harmonía en nuestro look.
El protocolo no establece ninguna norma que joyas utilizar, si bien es cierto que la máxima ha de ser la sencillez.
Nos ha parecido interesante recordar unas pequeñas nociones a tener en cuenta en cuestión de joyería femenina.
Muchas veces invertimos una cantidad de dinero elevada en un vestido para asistir a un evento y lo acompañamos con joyería que no combina con ese vestido o de una peor calidad. Debemos tener en cuenta que probablemente la joya en el tiempo sea mucho más rentable que el vestido, si dividimos su precio por las veces que nos lo pondremos en nuestra vida.
Algunos trucos a tener en cuenta son:

En caso de tener un conjunto de tres o cuatro piezas formado por pendientes, pulsera, colgante y anillo, debemos utilizar solo dos o como mucho tres de estos elementos.
No se deben utilizar tampoco pendientes largos con collares llamativos, porque así no centraremos la atención en ninguna de las dos piezas.
Así mismo, es recomendable utilizar una joya en la parte de nuestro cuerpo que nos interese resaltar.
Un error común se comete al llevar varios anillos en una sola mano, pues resta elegancia y significado.
Lo mismo pasa si llevamos un anillo y una pulsera en la misma mano. Uno o ambos han de ser lo más sencillos posibles.
Equilibra el tono de tu ropa con las joyas. Para los colores fuertes se recomiendan las perlas, el oro o la plata, y, por el contrario, a tonos oscuros le favorecen las joyas en colores vibrantes como rojo, ambar, verde o turquesa.

En definitiva, en la sencillez está la elegancia, o dicho de otra forma, menos es mas. Es importante mirarnos al espejo con el atuendo que vamos a llevar y con todos los complementos y valorar si nuestro look es demasiado recargado en función de la solemnidad del acto al que acudamos.