La joya gallega que enamoró a Isabel II

La relojería internacional cuenta en Galicia, más concretamente en Santiago de Compostela, con uno de esos ilustres maestros joyeros que han dejado hue
lla en el saber hacer de los profesionales contemporáneos.

Incluso la realeza española, de la mano de Isabel II, sucumbió a la hermosura de las piezas elaboradas por Ramón Antonio Iglesias (1820), hijo de un relojero compostelano, dio sus primeros pasos en el taller de su padre y que aprendió la profesión de la mano de la Real Sociedad Económica de Santiago, además de lograr formar parte de la Escuela Industrial de Madrid.

Una joya mecánica elaborada por Iglesias para la reina Isabel II le valió el título de caballero de la Orden de Carlos III y el disfrute de su estancia en la actual capital de España pensionado por la de los Tristes Destinos.

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El protagonista de nuestro post de hoy creó su propia fábrica de relojes tras formarse en Londres y Suiza, aunque de ese proyecto ya apenas quede rastro alguno. Su especialidad eran los relojes de bolsillo y sobremesa, aunque la Sociedad Económica de Compostela alberga uno de cuatro esferas.

Contando 56 primaveras nuestro maestro relojero se presentó a la oposición de cronometrista de la Marina que convocó por aquel entonces el Observatorio de San Fernando. Unas difíciles pruebas en las que competía contra otros jóvenes españoles y extranjeros, aunque el informe existente de las famosas pruebas de la Marina asegura su alta valía:

“El segundo lugar cupo  a don Ramón Antonio Iglesias, habiendo acreditado ser un buen artista y poseer extenso conocimiento del arte en general; se había dedicado especialmente a la fabricación de relojes de bolsillo y péndulo, y no a la de cronómetros, cuya teoría y dificultades, sin embargo, conocía y por lo hecho con precipitación y lejos de su casa, puede juzgarse de lo que sería capaz en su taller”.

 

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Lamentablemente Iglesias no sobrevivió mucho más  para poder demostrar su pericia en el arte de la relojería de alta precisión, una pulmonía se lo llevó y afamados personajes de la época también quisieron dirigirse a su amigo. Entre ellos Manuel Murguía quien escribió lo siguiente: 

“El día 5 de noviembre, y en una mañana triste y enlutada como mi corazón, seguimos el fúnebre cortejo, dando al amigo la última prueba de cariño, que ya no es posible consagrarle en este mundo”.

Pero no es el único, Pablo Pérez Constanti le dedica unos párrafos en “Notas viejas Galicianas”, II, página 330.

Años más tarde Fernández Duro hace referencia al “necessaire” realizado en ébano, concha y marfil que Iglesias dedicó a la Reina Isabel II. Una pieza relojera única con diferentes mecanismos y varios autómatas,  que destacó por su diseño y calidad pero que, a pesar del empeño de numerosos investigadores, continúa desaparecido.